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PREGUNTA DIFÍCIL

¿Por qué sufre quien no hizo nada?

No lo justificamos. Trabajamos para terminarlo.

No tenemos una fórmula que anule la pregunta, y desconfiamos de quien la tiene. El dolor de un inocente no se explica con un silogismo.

El sufrimiento no es un instrumento pedagógico de Dios. Es un escándalo. La Escritura no lo maquilla — dice que la creación entera gime con dolores de parto.

Frente a la tumba de Lázaro, sabiendo perfectamente lo que iba a hacer un minuto después, Jesús lloró. Ese llanto nos importa más que cualquier teodicea: significa que la muerte, aun cuando va a ser vencida, sigue doliendo, y que Dios no mira ese dolor desde lejos.

Nadie tiene que agradecer su herida. Pero cada herida señala algo que todavía falta reparar. La injusticia pide una ley. El hambre pide pan. La enfermedad pide una cura. Cada una de esas respuestas es una parte del Reino que llega antes.

Juan 11:35

Lo que no sabemos

No sabemos qué función real cumplen el mal y el dolor en el mundo, ni por qué le tocan a quien le tocan. Sí sabemos que la injusticia y el sufrimiento son obstáculos que debemos superar: nos obligan a buscar soluciones y a avanzar hacia un mundo con más esperanza. Cada mal que curamos, cada injusticia que reparamos y cada avance tecnológico que mejora las condiciones de vida nos acerca al Reino: el punto de la historia en el que el dolor, el sufrimiento y la injusticia desaparecen definitivamente.