En Getsemaní, el hombre que había caminado sobre el agua le pidió a su Padre que la copa pasara de largo. No es un detalle menor: el propio Cristo tembló. No se quedó en el temblor, pero lo atravesó.
Si él pudo dudar del camino sin perder el destino, no vemos con qué autoridad un discípulo blinda su interpretación como si contuviera toda la verdad.
Del destino tenemos certeza: habrá justicia, y las lágrimas se acabarán. Del camino no tenemos ninguna: ignoramos qué ciencias, qué leyes, qué formas de convivencia nos van a llevar hasta ahí. Dudar del método no es negar la promesa.
Por eso acá nadie te va a pedir que apagues la cabeza para entrar. Al contrario: si nunca revisaste lo que crees, todavía no empezaste.
Mateo 26:39
Lo que no sabemos
Cuánto de lo que escribimos hoy va a resultar equivocado. Bastante, seguramente. Cuando lo descubramos, esta página lo va a decir.


