La tradición cristiana ha sido incómodamente vaga con esto, y muchas iglesias responden con un encogimiento de hombros que a la persona en duelo le suena a desprecio. Nosotros no vamos a hacer eso.
La Escritura no los excluye. Isaías imagina un Reino donde el lobo y el cordero conviven — no como alegoría de política internacional, sino como criaturas reales en una creación reparada. Jesús enseña que toda vida que sufre merece cuidado. Eclesiastés es todavía más honesto y admite que nadie sabe adónde va el aliento del animal.
Esa vaguedad, para nosotros, no es una negación. Es un espacio abierto.
No afirmamos como doctrina que los animales resucitan. Sí decimos esto: si el Reino es justicia perfecta, cuesta imaginar una justicia perfecta que no repare también a los que sufrieron sin entender por qué. Y si algún día resulta que en esa mesa hay una mirada que te reconoce sin hablar, no vamos a estar sorprendidos.
Eclesiastés 3:19-21
Lo que no sabemos
Todo. Esta es la página donde menos sabemos y más esperamos. La escribimos igual porque el silencio de las iglesias sobre esto ha hecho mucho daño a mucha gente.


